Suaves tus senos, bellos y ardientes
que derritiéndose de entre mis manos
acercas, tan cerca los que lejanos
soñaba con tocarlos indecentes
Gozabas mis caricias indulgentes
y besándonos con afán, mundanos
complacencias del momento, insanos
ignorantes y a la vez conscientes
Tu voz entrecortada me decía
no ceses el fragor de la batalla
la maza con puñal arremetía
Y mi cuerpo cansado ya desmaya
no sin antes el clímax conseguía
rindiéndose después sobre tu talle
