A una hija ausente
Fuiste el fruto de un amor hermoso
renacer de la vida nuevamente
serás… sueño imborrable de mi mente
y el recuerdo perenne más precioso.
Fuiste y serás la reina de mi vida,
la dulce sonrisa que vivirá en el alma
vocecita de arrullo que me calma
diciéndome ¡papá! me encuentro bien…
estoy dormida.
¡Gracias Dios mío! por la dicha
de haber gozado su corta existencia,
por esa hija, que era una luz esplendorosa,
tuvo en la tierra una breve permanencia
porque es corta la vida de una rosa.
