Coloreado su rostro con sonrisa,
luciendo sin sentir a la alegría,
la rutina los acosa día a día,
sólo a otros la misma garantizan.
Ellos cumplen el trabajo de la risa,
la atracción vital de los infantes,
haciéndolos vivir bellos instantes
con enormes zapatos de colores,
con la broma del agua con las flores,
pantalones y sacos hilarantes.
Cada vez que se sientan al espejo,
esperan bien contar con muchedumbre,
para hacer la rutina de costumbre
con sus bromas y el uso de trebejos.
Hay mujeres, hay niños también, viejos,
en el acto de la blanca diversión,
el payaso es el único anfitrión;
es el alma de los circos y de fiestas,
son personas sencillas y modestas
trabajando hasta el fin de la función.
