Jamás te diste cuenta que te amaba
mis letras no pudieron expresarse,
cuánto sufre el corazón con conformarse
aunque cerca… qué lejos te encontrabas.
Quizá nunca tal vez lo demostraba;
por lo mismo… empezó a desmoronarse,
y mis ojos también a resignarse
a los tuyos que nunca me miraban.
Un silencio de muerte me abrazaba,
mil gritos de impotencia reprimidos,
un torrente de dudas acosaban,
y lo único vivo, ¡mis latidos!
pacientes a tu aliento que esperaban,
el beso que revive al fallecido.
