A ti, mi Dios que la vida has dado,
a ti solamente puedo platicar;
solamente tu me puedes perdonar
el haber cometido tal pecado.
Infringí cierta ley en alto grado:
“la mujer de tu prójimo no desear”;
por el diablo fácil me deje tentar,
deseé conquiste y he traicionado.
Ayúdame borrando del pasado,
toda cosa que la hiciese deplorar
culpable de su mal equivocado;
soy yo; y doble lo tengo que pagar,
pagaré penitencia por un lado
y la peor… nunca deberla recordar.
