Intentando mil maneras de olvidar,
transcurro todo tiempo recordando;
pasado por el cual vago llorando
un designio que me veda razonar.
Son tus besos imposibles de olvidar,
tus palabras de amor van taladrando;
mi voluntad estas pulverizando
y mi orgullo no lo puedo memorar.
Ven, dime el tiempo que debe de pasar,
para que el corazón tome su mando
dime cuánto tiempo más debo penar;
pues llamándote paso deambulando,
dime cuánto tiempo más debo gritar;
— gritar —: “que no lo sigas disturbando”.
