Sufro por no poder hacerte mía,
y por no proferirte lo que siento;
matándome por dentro; cobardía,
llorando por estéril sufrimiento.
Aún oigo la voz que me decía,
la tendrás… como se tiene al viento;
y contemplo mi mano ya vacía,
y mi fe; flaqueando en el intento.
No serás de mi vida fantasía,
ni seré de la tuya ceniciento,
seremos del amor la garantía;
uniendo nuestras vidas cien por ciento,
venciendo al temor día tras día
y probar lo tibio de tu aliento.
