Tiempo

No te puedo tocar, pero te siento,
no te he podido ver y te memoro;
y compartes mis ratos cuando lloro,
pues toda vida tiene su momento.

Participas en todo testamento,
cuando empiezan y logran un tesoro;
no te compran con nada ni con oro,
retenerte sucede sólo en cuento.

Rápido vas, cual ráfaga de viento,
cual fiesta brava, sin indulto el toro;
en ratos de agonía, pasas lento.

Diligente, muriendo con decoro,
eres el porvenir, nuestro sustento:
inmortal, yo te advierto: no te ignoro.

Herida

Así como por el tiempo consumido,
siendo grano de arena en un desierto;
una nota en lo grande del concierto,
hoy me encuentro en las arras de tu olvido.

De nada ha servido haber vivido,
tierra estéril, la tierra de tu huerto;
te tuve, te perdí y eso es lo cierto,
ya lo demás carece de sentido.

Tus palabras no alcanzan a mi oído,
no soy feliz, con nada me divierto,
no he podido sanar, me encuentro herido;

la presencia de amor ya no la advierto,
¿por qué tuve que haberte conocido?
Era un simple mortal… hoy, simple muerto.