No olvides el amor que te profeso,
mucho menos los ratos compartidos,
sólo dime hasta luego con tu beso;
y recuerda los sueños prometidos,
es la última vez que lo confieso,
porque me voy a un viaje sin regreso.
No olvides el amor que te profeso,
mucho menos los ratos compartidos,
sólo dime hasta luego con tu beso;
y recuerda los sueños prometidos,
es la última vez que lo confieso,
porque me voy a un viaje sin regreso.
He prometido olvidarte
y olvidarte no he podido,
pues resulta que el olvido
tampoco quiere borrarte.
Borrarte de mi presencia
el destino me ha mandado,
y lloro desconsolado
justificando esa ausencia.
Y la causa de esa ausencia
es la causa de mis penas,
arrastre de mis cadenas
terminar de mi existencia.
Te fuiste equivocada
por unos falsos rumores,
que incrementó tus temores
que tiró todo a la nada.
Qué tanto te habrán contado,
que sin restar un segundo;
te he buscado en todo el mundo
y sin haberte encontrado.
La ilusión se encuentra muerta
y por eso he prometido,
enterrarla en el olvido
cerrar por siempre mi puerta.
Pues la misma desconfianza
al amor ha asesinado,
y a la vez lo ha sepultado
bajo tierra de venganza.
Me he pasado prometiendo
y cumplirlo no he podido,
jamás te echaré al olvido
porque te sigo queriendo.
Si solo me has visto vida
deambulando por las calles
serán y son los ensayes
de soportar una herida
que será por la partida
del corazón de mi amada
que tendrá nueva morada
y por lo mismo deshecho
pues su partida es un hecho
llora el alma enamorada.
Recuerdo aquellos instantes
cuando sus labios besaba
ardientes como la lava
que incendiaba a los amantes
y destellos de diamantes
de sus ojos emanaban
y mi vida iluminaban
así como los momentos
en que los dos sentimientos
en penumbra se encontraban.
Con el pasar del suceso
como deidad la veía
inexplicable sentía
el efecto de su beso
y desde entonces no ceso
evocar aquella mención
donde habiendo fiel comunión
el culto de amor rendimos
cuerpo a cuerpo nos unimos
sin olvidar corazón.
Y todo color de rosa
a su lado se miraba
así el amor comenzaba
como el abrir de una fosa
sin el caer de la losa
pues cuando empiezas naciendo
es ahí donde no entiendo
la vida te ha condenado
a acabar en el pasado
pues aunque vivo… muriendo.
Lo que empieza se termina
como lo que sube caerá
así como viene se irá
cuando menos se imagina
o antes tal vez te asesina
con el puñal de traición
matando toda ilusión
por la que estabas viviendo
que caso seguir sufriendo
sufriendo del corazón.
Así comenzó la herida
abriéndose poco a poco
lastima cuando la toco
como una espina escondida
y por mi desconocida,
la gente se comentaba
muy fuerte se rumoraba
que el puñal lo había encajado
por debajo del costado
la mujer a quien amaba.
Y jamás arrepentido
de ese escabroso pasado
pues cuando estuve a su lado
ya se lo había prometido
que si llegase un bandido
a llenarme de tristeza
el no perder la cabeza
pues si acertaba en su intento
seria, por consentimiento
afianzando mi promesa.
El amor ya marchitado
por los rayos del destino,
por otro lado mezquino
su cariño ha resultado
su tiempo en otro ocupado
su proceder no la enmienda
la lección para que aprenda
es vivir en la soledad
hasta que al fin a la verdad
jamás defraude y comprenda.
Hoy he gritado en el viento
que la quise y que la quiero
que de verdad, verdadero
es el amor lo que siento
pero un huracán violento
mi mensaje ha arrebatado
nuestro vergel asolado
por aquella tentación
que llegó como tifón
las esperanzas ha ahogado.
Camino solo el camino
que alguna vez caminamos
donde estuvimos no estamos
donde antes rosa, hoy espino
y una botella de vino
me despertó del letargo
recordando el trago amargo
también lo maravilloso
de aquel amor tan hermoso
que lo tuve y… sin embargo.
Me he escondido para verte,
cuando sales de tu casa;
pues ahora sé que tu raza
intenta de mi esconderte.
¿Por qué desdichada suerte,
me pasa lo que me pasa?;
ser yo la seria amenaza
del que muere por tenerte.
Pues teniéndote la tengo,
y al tenerla nada importa;
larga vida, vida corta,
sólo por ella mantengo.
Manteniendo la esperanza,
porque mires mi mirada;
reafirmar lo enamorada,
fingirlo cansa que cansa.
Y yo cansado me encuentro,
por amarte sin remedio;
que se acabe ya el misterio,
que ya termine ese cuento.
Que sepan que nos queremos,
que sepan todo de todo,
que jamás claudicaremos;
sin embarrarnos con lodo,
y nuestro amor uniremos,
y lo haremos de buen modo.
Que fui un cobarde me dice,
por no querer ni mirarla;
riéndose mi amigo está
y la vida se me va
pues cuanto tiempo fue mía,
y mi corazón ansia,
ardientemente besarla.
Pero, su corazón ya no es mío,
pues cuando lo tuve, tire;
creyendo después recogerlo
alguien lo recogió primero
y sus heridas curó,
y ahora, verla sonreír de nuevo
después del daño que le hice,
mi castigo es no tenerla,
amarga pena es que tengo
pero siento merecerla,
pues ella al verme… en vez de maldecir, bendice.
Diáfana serpentina indefinida,
irisadas tus crestas bailarinas;
avalanchas de azogue, repentinas,
eres hálito, liquido de vida.
Cortina húmeda de verde fiel,
collar de perlas de rocio en las flores;
paisajista el mejor de los pintores,
purificas espíritu y la piel.
Somos tu costilla, tu cimiente,
brizna, caricia celestial divina,
eres savia de tierra y de la gente;
incansable, fugaz y peregrina,
tu murmullo en el alma es que se siente,
¡eres hoja de daga damasquina!.
En aquella noche obscura,
sólo, una que otra estrella;
fue esa noche la más bella
bañada de pasión y de ternura.
Una noche de temores,
adentrándose a lo incierto;
el amor era lo cierto
y probamos la miel de mil amores.
Nos olvidamos de uno,
del pasado, del futuro;
por aquel presente ¡juro!,
sin tu amor no habrá presente ninguno.
Tocan la puerta… minutos,
y volaban los segundos;
dispersos cual vagabundos,
tan lentos como el caer de tu fruto.
Fruto, de pulpa jugosa,
corteza de terciopelo;
hermoso color canelo
era tu cuerpo de diosa.
Y la fuerza poderosa,
que te impulsa el sentimiento,
cuando dentro muy adentro;
sigues sin mirar atrás,
se olvida de ser fugaz,
cuando sale un ¡te quiero! de tu aliento.
Hoy he besado esa boca
que deseaba con locura,
mas una duda me apura
que en lo íntimo me toca,
si mi esperanza era poca
¿por qué cambio mi destino?
y el cielo fue mi camino
cuando te tuve en mis brazos,
y al mirarme en tus ojazos
pensé en un toque divino.
Es verdad que te perdí, y con eso
se pierde también miles de cosas,
por ejemplo se pierde lo tierno que es un beso,
y tantas cosas que contigo son hermosas.
No sabes amor cuanto me duele,
el extrañarte, el verte y saludarte,
tanto, que sería mejor morir si es que se puede,
morir de amor; ya que también de amor se muere,
y lo prefiero a estar solo y sin verte.
Sólo una cosa queda por hacer un tanto loca,
por qué si tu me quieres no te animas,
a estar nuevamente juntos como antaño,
y subirnos al amor hasta su cima
y juntos poder vivir lo bueno y malo año tras año.
Alguna vez comenté
te dije que si partías
al corazón lo herirías
pero hasta hoy lo comprobé
sin querer me percaté
tus caricias antes mías
con alguien más compartías
del corazón te has marchado
hoy que te tengo a mi lado
hay sólo… miradas frías.
Qué desdicha estar presente,
y de esta desdicha formar parte;
toda hermosa, tal cual estás enfrente,
y ansiosos mis labios por besarte.
Jugándome una broma el cruel destino,
apareciendo un nuevo amor que me ha cambiado;
y Cupido al corazón me dio con tino,
que infelizmente feliz me he enamorado.
Eres un tatuaje perenne y doloroso,
jamás podré arrancarte de mi lado;
te miro desde lejos y sollozo,
por sentirme inútil, tonto maniatado.
Eres como el aire, necesito de ti para poder vivir,
eres como el aire, que te escapas de entre mis manos cansadas por querer asirte;
eres como el aire, me acaricias pues aún siento tu sentir y como el aire también,
matas cuando ausente estás o intentas irte.
Eres un trozo de fuego que quema mis entrañas,
hirviendo mis palabras por decirte,
te extraño amor… ¿me extrañas?;
si de tus labios nace un si,
di, no me engañas y nunca de los nunca,
volveré jamás a herirte.
Daría ¡todo! por aquel instante,
cuando el orfebre destino nos unió;
y en la joya del amor nos engarzó,
ofuscando en su momento hasta el diamante.
Daría ¡todo! por aquel instante,
cuando la luna y su luz nos cobijó;
con estrellas nuestro lecho preparó,
fue atracción de cuerpos… fulminante.
Daría ¡todo! por aquel segundo,
en éxtasis jamás imaginado,
viajamos hasta el fin de nuestro mundo;
y la secuela que nos ha dejado,
es causa del amor bello y profundo,
que jamás partirá de nuestro lado.