Solo con mi pensamiento,
y recordando aquel ayer,
ayer, que no me arrepiento;
ayer, de cierto momento,
ayer en que te hice mujer.
De pronto se ha presentado,
cierto mal que me provoca,
la desdicha y el enfado;
y es, no tenerte a mi lado,
ni haber besado tu boca.
Ni siquiera, haber mirado,
los destellos de tus ojos,
sufro el mal, ilusionado;
de pronto estar ya curado,
de estar entre tus hinojos.
Qué esperas que no me curas,
si mi medicina es tu miel,
perdona ya mis locuras;
perdona mis aventuras,
y cura el mal con tu piel.
