Me encuentro solo escuchando el caer de la llovizna, pensando en los momentos de locura innata, del presuroso momento de arrebato donde nuestras prendas vuelan por el cuarto de manera sutil desordenada, dejando entrever la desnudez de nuestros cuerpos, cuerpos que se ansían sin recato alguno, que se tocan mutuamente, con caricias débiles y fuentes, provenientes de labios, manos y por último del íntimo resquicio del deseo. Los minutos son segundos, olvidando el mundo que nos mata. Corazones palpitando al mil por ciento, y un sudor de placer el que nos baña. Expresando con palabras y gemidos ya que el amor que nos hemos profesado no esconde mis, donde nadie ni nada es engañado, concibiendo el clímax que soñamos… Nos vestimos, despedimos y nos vamos, a vivir nuestro mundo cotidiano.
