Daría ¡todo! por aquel instante,
cuando el orfebre destino nos unió;
y en la joya del amor nos engarzó,
ofuscando en su momento hasta el diamante.
Daría ¡todo! por aquel instante,
cuando la luna y su luz nos cobijó;
con estrellas nuestro lecho preparó,
fue atracción de cuerpos… fulminante.
Daría ¡todo! por aquel segundo,
en éxtasis jamás imaginado,
viajamos hasta el fin de nuestro mundo;
y la secuela que nos ha dejado,
es causa del amor bello y profundo,
que jamás partirá de nuestro lado.
