Tu etéreo amor, que tosiga,
lentamente a mi corazón
con tu indolencia;
detracta a la efusión sublime de adorarte,
sin embargo el tesón inquebrantable,
por besarte, me demanda el derroche peculiar,
de la paciencia.
Lo dubitable será que yo claudique,
pues no puedo ser falaz conmigo mismo;
emigraré a donde el amor me indique,
no me iré ante el regate cruel de tu egoísmo.
