Voy a gritar mi secreto,
pues ha dejado de serlo;
todo el mundo es que lo sabe
no tengo porque esconderlo.
De que tú tienes la llave,
de aquel cerrojo olvidado;
que el destino con candado
por un enojo o quién sabe.
O quizás equivocado,
pues al pensar que era todo;
selló la puerta con lodo
dejo al amor lapidado.
Y en esa lenta agonía,
esperaba su condena;
muriendo solo de pena
pues sólo la pena había.
Y por acto milagroso,
apareciste mi cielo;
por fin se cumplió el anhelo
de salir del calabozo.
Y ya una vez liberado,
al amor yo le he ofrecido;
que nunca más un candado
encerrara a ese latido.
Pues esta vez el Cupido,
a sacado un duplicado;
pero lo tiene escondido
muy cerquita de tu lado.
