Crear, producir, dedicar tiempo a darle forma a la inspiración, complacer a los amigos o cantarle al amor requiere de sentimiento, de entrega y de mucho talento. Impulsado por Margarita Catalán de Anzaldúa, su señora madre, Gerardo inicia una carrera donde la temática de todas sus variantes es el amor: poesía, canciones, acrósticos, sonetos, baladas, boleros y canciones románticas modernas se engarzan gracias al numen joven y ágil de este iniciado en la inacabable ruta de la sensibilidad.
Desde los años ochenta, Mario Gerardo se impuso como reto destacar por sus cualidades y encontró en el cálido recinto familiar todo el apoyo para darle ritmo a su inquietud. Primero, pulsando su fiel guitarra, más adelante sus experiencias entre amigos y personas afines a su perfil lo llevaron a armonizar bellas melodías, a las que, motivado por su empeño, les agregó la letra. Son 96 canciones que ya ha registrado y dedicado a diversos motivos; una de ellas está dedicada a la Autopista del Sol, quizás la primera que existe sobre esta futurista vía de comunicación. Pronto los jóvenes y viejos de esta ciudad lo ubicamos como un poeta, un cantor, un artista entusiasta y creativo. Persiste su tendencia al más bello sentimiento de la raza humana y configura por fin su emoción en su linda esposa, a quien, como diosa griega del bien, entrega su total producción; a ella ha dedicado, cuando menos, cincuenta canciones.
Incansable, tenaz, ha vivido escalando su propia calidad y, de 200 poesías, 50 sonetos y sus composiciones melódicas, se declara firme en su anhelo por triunfar. Le canta a la vida, al amor, a las novias de sus amigos. En las Jornadas por la Paz aporta tres poemas: “Donde hay una mujer, habrá amor y ahí estaré”, dice seguro. Seguridad que le infunde su principal musa y alentadora vitalidad. En el tema romántico, tanto en la poesía como en la canción que Mario Gerardo expresa, está el amor y el desamor. Podría alentar a sus hijos a que cultiven las bellas artes; él siente que hay algo que lo motiva con fuerza hacia su meta de no dejar de escribir. Su mejor aliciente será este conjunto de hermosos y sentidos poemas que no todos los que quisieran pueden alcanzar. Su confianza y afecto por todo lo que hace lo convierte en protagonista de la estimación que recibe. Hablamos de su más completa actividad, en la que ha dejado horas y horas de fugaz vivacidad, y que ramilletes completos de rosas convertidos en canciones de amor y amistad forman bondadosamente lo que él estima y quiere como producto de su ingenio.
– Miguel Ángel Castorena
